Cultura Guangala, historia en el Arte de Ecuador


GUANGALA

La cultura Guangala florece en el sur de Manabí -por lo que es ahora Chanduy-, desde la costa hasta la región montañosa del litoral.
En Guangala se trabajó la metalurgia. Se han hallado en Palmar objetos de oro finamente labrados y con soldadura, que prueban que esta cultura se adelantó a las otras en el dominio del metal.
Pero donde brilló especialmente el capricho de los artesanos-artistas de esta cultura fue en su cerámica. De Guangala escribió Jijón y Caamaño en “Antropología Prehispánica del Ecuador”: “La civilización Guangala, desde el punto de vista artístico, ocupa un lugar semejante a las más perfectas del Perú (Nazca, Cajamarcilla, Tiahuanaco) por ser la única en el Ecuador que posee cerámica polícroma”.
Trabajaron estos habilísimos ceramistas piezas de paredes muy finas -hasta de dos milímetros de espesor- y les dieron hermosos colores con gran dominio técnico. Colores leonado y negro, graduando el oxígeno durante la cocción, y el rojo por la técnica del engobe; y a esos colores añadieron blanco, anaranjado y negro. Con esa variedad cromática decoraron las más bellas piezas con técnicas como la pintura negativa y el juego de líneas bruñidas sobre superficies no pulidas. El diseño decorativo es siempre geométrico; generalmente combinaciones de trazos lineales rectos; algunas veces series estilizadas de aves, como pelícanos.
La búsqueda de expresividad y belleza de las gentes guangalas ha dejado innumerables vestigios. Hay unos como tazones de boca ancha que se sostienen sobre cuatro patas altas -se llaman por eso “polípodos”-; pues bien, esas patas han sido decoradas plásticamente, por la técnica del pastillaje, con rostros humanos muy expresivos.
Y las figurinas llevan decoración geométrica, de líneas incisas en el barro. En los sellos, el dominio de la decoración geométrica, logra tal riqueza de estilización que ha podido pensarse en un juego de signos con valor de lenguaje.
Otros numerosos artefactos hacen pensar en el gusto por la música de los pobladores de la región. De la variedad de instrumentos, muchos son pequeñas esculturas: pájaros, perros. Y hay piezas de especial trabajo, como la de un personaje que sostiene en sus manos a otro personaje. Los dos son silbatos. R. Zeller ha pensado que podría tratarse de la representación de un shamán que sostiene su ocarina con forma humana.

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