El arte ecuatoriano en periodo formativo

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El arte ecuatoriano no comienza con los cuadros y esculturas de la Escuela Quiteña, en la Colonia: los pueblos que vivieron en los territorios que un día se llamaron Audiencia de Quito y hoy se llaman República del Ecuador, tuvieron, desde cuatro mil años antes de la llegada de los españoles a América, su propia cultura, que en algunos casos fue muy avanzada, y una de las manifestaciones de esa cultura fue el arte.
ARTE ABORIGEN

Muchos problemas se presentan cuando tratamos de lograr una visión exacta y completa de lo que fue el arte de esos pueblos aborígenes. Sobre todo porque no llegaron a formas desarrolladas de escritura y así no pudieron dejar noticias escritas que nos contasen todo lo que lograron en las distintas manifestaciones del arte -en literatura, pintura, y escultura, música, danza-. Lo que sabemos de las épocas más antiguas ha tenido que reconstruirse a base de hallazgos arqueológicos. Y es muy posible que muchos descubrimientos de ruinas y entierros, hasta más importantes que los ya hechos, se hagan después.

Por otro lado, lo que en las ruinas, tumbas y basureros que los arqueólogos han descubierto se ha hallado han sido objetos de barro, de hueso, de piedra y de metal: es decir, los duros y resistentes a la humedad. En climas secos se han hallado objetos artísticos que en climas húmedos, si existieron, deben haberse destruido y deshecho. Así por ejemplo, tejidos. En Lima, en el museo Amano, se muestra una colección de los más bellos tejidos del mundo, hechos en el período incásico y algo antes. Tejidos así parecen haber existido en varios pueblos ecuatorianos aborígenes; pero en el Perú se han conservado gracias a las enormes extensiones de clima desértico.
Los hallazgos más antiguos de objetos elaborados por el hombre ecuatoriano se han hecho en el Ilaló -el pequeño cerro que está entre el Valle de los Chillos y el Valle de Tumbaco, en la Hoya de Pichincha, al oriente de Quito- y El Inga -laderas de la cordillera oriental, por ese mismo lado del Ilaló-. Pero son instrumentos muy simples: raspadores, unos como pequeños cuchillitos y puntas de flecha, todo de obsidiana (que es una piedra negra brillante y dura como cristal). Esos objetos fueron hechos hace 10.000 años o más, por cazadores que vivían agrupados en pequeñas bandas. Hallazgos de huesos nos sugieren lo que cazaban: danta, tapir, perezoso y, acaso, hasta algún mastodonte.

Este período, en que el hombre vivía de la caza y no se establecía aún en poblados, porque aún no había aprendido a cultivar la tierra, ha sido llamado “preformativo”, y de él no se conservan vestigios de arte. En otros pueblos, en esta que se llama “Edad de Piedra” -porque la piedra era lo único que el hombre dominaba-, sí se hizo arte: se ha descubierto pintura hecha en las paredes de cuevas -llamada, por ello, pintura rupestre- y figuritas humanas, en especial femeninas. Pudiera ser que la falta de huellas cíe arte de este primer hombre ecuatoriano sea simplemente falta de búsqueda sistemática y extensa. ¡Pero es tan inmensa la extensión por la que se esté ser humano avanzó hasta instalarse en las laderas del Ilaló!

Después de este período “preformativo”, los arqueólogos han establecido tres períodos para la prehistoria ecuatoriana:
Formativo          desde 4.000 años antes de Cristo hasta 500 antes de Cristo;
– De desarrollo regional desde 500 años antes de Cristo hasta 500 después de Cristo;
De integración desde 500 después de Cristo hasta 1500 después de Cristo; es decir hasta la llegada de los españoles.
Estos últimos tres períodos han sido fijados y llamados así por los sabios Emilio Estrada -guayaquileño- y Betty Meggers y Cliford Evans -estadounidenses-).
De estos tres períodos tenemos ya pruebas de que en ellos el hombre ecuatoriano creó objetos artísticos, y podemos conocer muchos rasgos de su arte. Vamos a verlo período por período.

PERÍODO FORMATIVO

Se llama a este período formativo porque en él los grupos humanos que habitan estos territorios logran una forma social estable, en lugares fijos de residencia. Allí construyen sus casas -agrupadas de modos especiales-y, más o menos resueltos sus problemas de supervivencia, pueden dedicar algún tiempo a otras actividades menos urgentes y más placenteras. Una de ellas es el arte.
Todo esto solo es posible cuando se logra algún dominio de la agricultura. Y es lo que sucede con varios pueblos asentados en la Costa, en tiempos muy remotos.
La gran revelación de ese dominio de la agricultura fue el hallazgo de un grano de maíz en el sitio San Pablo.
Un alfarero parece que no se percató de que un grano de maíz había caído en el plato de barro que introducía en el horno para cocerlo. Este grano de maíz gordo prueba que en el tiempo al que pertenece esa pieza de cerámica-2000 o 1800 años antes de nuestra era- se cultivaba ya allí un maíz de mazorcas de ocho o diez hileras de granos. Es decir, un excelente maíz, propio de una agricultura que sabía ya de cultivos. Y ese hallazgo confirmaba lo que ya el arqueólogo Carlos Zevallos había adelantado a base de hallazgos de vasijas: la decoración se había hecho por la impresión en el barro fresco de mazorcas de maíz.
Todos estos descubrimientos han probado algo de enorme importancia: estos pueblos de la Costa ecuatoriana fueron los primeros en domesticar el maíz y lograr especies de buena calidad, en América. Mucho antes que México.
En torno al maíz y otros productos comienzan a organizarse caseríos. Al desenterrar sus ruinas se han hallado vestigios de una incipiente urbanización. Y surgen culturas con rasgos característicos, uno de los cuales es el arte.
Se creyó que la civilización en la América primitiva se había desarrollado en torno a los dos grandes focos de México y Centroamérica, al norte y los altos Andes peruanos-bolivianos, al sur, y que todo lo del medio había carecido de importancia. Pero las investigaciones arqueológicas de los últimos veinte años han mostrado que las culturas formativas del Ecuador fueron más antiguas que las del norte y el sur. Pueblos como el descubierto en el sitio Real Alto, cerca de la Puntilla de Santa Elena, en Guayas (puede vérselo en el mapa) fueron grandes y estables por no menos de 2000 años. Y en Salango – provincia de Manabí – minuciosas excavaciones, hechas con todo el rigor de la ciencia arqueológica, han sacado a la luz que seis culturas se instalaron, una sobre otra, a través de más de 5000 años. 
Por todas estas tierras del actual Ecuador hubo agricultura sistemática y alfarería mil años antes que en Perú o México. Y la comparación de los hallazgos arqueológicos de esas partes y estas tierras ecuatorianas ha mostrado más: que hubo influjo de estas culturas primitivas ecuatorianas en aquellas del norte y del sur. Y parte de ese influjo fue de arte. Con todo lo que ello implica de técnica y tecnología, de mitos y símbolos, de formas de ver el mundo. De los hombres de Valdivia ha dicho un autor -no ecuatoriano-: “Su cultura ilumina por primera vez un mundo sumido en una profunda oscuridad y adquiere por ello la extraordinaria importancia de haber constituido uno de los primeros factores impulsores de las civilizaciones de América” (Karl Dieter Gartelmann, en “Las huellas del jaguar”, p. 23).
Vale, pues, la pena estudiar con atención el arte de esas culturas nuestras primitivas, de la hora del primer desarrollo de la civilización en América, que estuvieron en primera línea, abriendo surcos para culturas que vendrían detrás.
Si atendemos a las piezas que se han desenterrado, fechado y estudiado, cinco culturas resultan especialmente importantes para el arte del período formativo: tres en la Costa -Valdivia, Machalilla y Chorrera-, una en la Sierra -Cerro Narrío- y una en el Oriente -Pastaza-.
En cuanto al tiempo en que cada una de esas culturas se desarrolló, podemos verlo en este cuadro, en el que nos atenemos a lo generalmente aceptado por los mejores arqueólogos.

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