Periodo de desarrollo regional


PERÍODO DE DESARROLLO REGIONAL

El período que corre del 500 antes de nuestra era al 500 de nuestra era se ha llamado “de desarrollo regional” porque en el horizonte de los pueblos que viven en el Ecuador se amplía enormemente y se diversifica en su organización política y social. Varias regiones logran grados altos de desarrollo en la civilización y cultura.
Sobre todo en la Costa norte, donde tierra y clima eran especialmente favorables, la agricultura crece y con ella la riqueza, lo cual se traduce en crecimiento de los agrupamientos humanos y su progreso en vivienda, ajuar y objetos o ceremoniales o decorativos. En culturas como La Tolita parece haberse llegado al fasto en el adorno personal.
Al desarrollo cerámico del período anterior-cuyas técnicas principales, propagadas por un intercambio comercial cada vez más activo, se tornan comunes-, hay que añadir ahora la metalurgia y metalistería, que iba a ofrecer nuevas posibilidades para el arte. La cultura que más avanzó en el tratamiento de los metales fue La Tolita.
El desarrollo de técnicas y tecnologías lleva a la producción en serie de figuras humanas y vasijas. Se las hacía con moldes y se las decoraba con motivos idénticos (acaso usando plantillas).
Esto acabó con cualquier posibilidad de arte y convirtió esos objetos en simple artesanía o en pura producción industrial.

La cerámica utilitaria deja, pues, de interesar como objeto artístico. Pero se abren nuevos espacios para ejercicios creativos artísticos. Por ejemplo, en Guangala, además de las figuras hechas con molde (que son ocarinas), hay figuras modeladas a mano, de un realismo deformado que deja patente la peculiar visión del mundo propia del artista. Muchas de las grandes figuras policromadas de la cultura Bahía son auténticas obras de arte. Y técnicas heredadas, como la pintura negativa, al propio tiempo que se hacen comunes y se trabajan con especial dominio, ofrecen a ceramistas artistas ricas posibilidades para creaciones imaginativas, algunas de gran belleza. En general,
Según el P. Porras, “rasgo típico del Período de Desenvolvimiento Regional es la proliferación de lo que podríamos llamar objetos de arte”.
No solo vasijas y figurinas, máscaras y sellos y otros objetos cerámicos, sino trabajos en piedra, concha y metal, desbordan su humilde destinación al uso ordinario y se convierten en ejercicio de imaginación creativa y penetrante captación del mundo, que son dos rasgos esenciales del arte.
De todas las culturas que hasta el momento han caracterizado los arqueólogos, nos ocuparemos de las que más originales y creativas se presentan en arte. Son ellas, sin duda, La Tolita, Jama-Coaque, Bahía y Guangala, en la Costa, y Tuncahuán, en la Sierra.
Todas estas culturas se desarrollan más o menos simultáneamente a lo largo del milenio 500 a.C.-500 d.C. Geográficamente se distribuyen así:
La Tolita:
Jama-Coaque:
Bahía:
Guangala:
Tuncahuán:

PASTAZA

Casi contemporánea de Machalilla y Cerro Narrío, en Costa y Sierra, e incluida en esa activa red de intercambio -que se extendía por el Oriente a la Amazonia y por el sur hasta el Perú y Chile- está la cultura Pastaza, descubierta y estudiada por el P. Pedro Porras.
En esta cultura hay tiestos de decorado artístico. La manera más corriente es un inciso muy fino y punteado. Pero hay otras variedades: engobe rojo, rojo inciso (es decir, incisiones pintadas con ese color), el negro pulido logrado por ahumado (como en Machalilla), pintura blanca sobre rojo. “Cualquiera que sea la decoración o la combinación de varias en el mismo vaso -ha escrito el P. Porras-, llama poderosamente la atención la maestría con que fueron ejecutadas” («Ecuador prehistórico», p. 84).

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