Periodo de Integración. Arte Ecuador

PERÍODO DE INTEGRACIÓN

A partir del año 500 de nuestra era se dan otras formas de vida social en nuestro territorio.
La agricultura se hace más técnica y produce mayor cantidad de alimentos. Con ello crece la población y aumenta el comercio. Los centros poblados se hacen más grandes y se organizan mejor; los mayores llegan a ser pequeñas ciudades. Allí se diversifican clases sociales, se dividen las ocupaciones y surgen centros de poder político, sostenidos por ejércitos. Se han hallado verdaderos arsenales de armas de piedra y cobre: hachas, lanzas, hondas. Antiguas y respetables tradiciones nos han trasmitido la noticia de confederaciones de pueblos, la más poderosa de las cuales fue la que el P. Juan de Velasco, nuestro primer historiador, llamó el Reino de Quito. Esta gran confederación de pueblos mostró su poder resistiendo por años la invasión de los incas.
Como consecuencia de la mayor riqueza y de la división del trabajo, se dan notables progresos técnicos, sobre todo en áreas como la metalurgia y los textiles. Muchos instrumentos de uso diario se hacen de cobre; los más finos, de oro. Aretes y narigueras son, para el común de las gentes, de cobre; para los Poderosos, de plata, oro o cobre enchapado en oro. Pequeñas lachas de cobre sirven como moneda.
El intenso comercio que unió Sierra, Costa y Oriente, norte y sur, hace que en este período los límites de las culturas tiendan a borrarse. De allí el nombre de “período de integración”, que se le ha dado. Y el intercambio iba mucho más allá de las actuales fronteras nacionales. Hay formas que revelan influjo de la cultura Tiahuanaco, del altiplano boliviano, y otras tienen parentesco con culturas de mesoamérica y México. Pueblos de nuestra Costa fueron grandes navegantes y activos comerciantes. Jijón y Caamaño ha sugerido que manteños, huancavilcas, punaes y tumbecinos formaron una verdadera liga de mercaderes. Tan ricos y variados influjos, producto del intercambio comercial, dificultan establecer lo más peculiar y propio del arte ecuatoriano del período.
Con el progreso de la civilización muchos de los espacios de la vida social donde florecía el arte son ocupados por la pura técnica; pero el arte no desaparece: busca otros espacios.
La cerámica de uso diario pierde las refinadas calidades artísticas alcanzadas en los períodos formativo y de desarrollo regional: ahora se produce industrialmente y en masa. Pero las más finas de esas piezas siguen decorándose con técnicas creadas por las culturas anteriores y, en parte, perfeccionadas. Así, con la pintura negativa, que llega a un alto grado de elaboración.
La decoración plástica es decir, modelada en vasijas, en particular, caras en el cuello de cántaros se estereotipa; pero alguna vez el artesano se escapa de esas formas repetidas y representa caras realistas.

 

Los objetos artísticos se reducen al campo del culto, lo funerario y el lujo. Los más importantes hallazgos se han hecho en tumbas de poderosos y ruinas de adoratorios y templos.
La visión del arte del período será siempre incompleta porque solo ha llegado hasta nosotros lo que fue suficientemente duro como para sobrevivir a siglos de entierro en humedad o de deterioro a la intemperie.
De pintura en paredes apenas si quedan pigmentos; y de tejidos -que parecen haber sido una de las producciones lujosas de mayor belleza-, solo se nos conservan retazos descoloridos e hilachas. Bartolomé Ruiz marino español llegado con la conquista a nuestras costas, describió en su “Diario” hermosas telas.
En la Costa, en dos regiones se han hecho excavaciones sistemáticas, que permiten reconstruir el arte del período: son las llamadas Cultura Manteña y Cultura Milagro-Quevedo. En la Sierra, los hallazgos y estudios dispersos y poco completos hacen pensar más bien en un gran “horizonte” artístico, que en culturas con formas artísticas perfectamente reconocibles en un conjunto de rasgos estilísticos.

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